domingo, 21 de octubre de 2012

Poema 314


Usando como espejo retrovisor
(porque el real estaba roto)
mis anteojos cansados,
metí el auto en el garage,
mi persona en mi casa,
mi cuerpo en la cama,
y mi pene en mi esposa.

Quitándome el cansancio de mi alma,
y su boca de mi boca,
me dispuse a enseñarle
que mi cara no se toca.

Mi cuarta mujer trofeo,
mi trabajo en el gobierno,
que ganas de mandarla
a esa perra al infierno.

Me conseguiré otra,
se la robaré a alguno,
y la usaré cuando quiera,
hasta que no me sirva más.

Lo mismo con tus cosas,
con tu hogar y con tu historia.
Si no me gusta lo que veo,
lo que escucho, lo que leo,
lo que toco o lo que intuyo,
lo moldeo a mi gusto,
o simplemente lo destruyo.

Vivo desde siempre
y hasta el fin de las eras.
Te prohíbo quejarte.
Soy el señor Tijeras

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