domingo, 9 de marzo de 2014

Gazpacho y lúcuma

 Los autos de Nápoles son monstruos de mirada torva, feroces como pocos. No dudan en mostrar los dientes si uno está demasiado cerca e incluso pueden pegarle un tarascón al valiente tonto que les sostiene la mirada.
 Pasan por alto las intenciones de la persona que conducen; es un milagro que la lleven a su destino. Muchas veces se detienen a charlar e incluso a luchar por una víctima que no quieren compartir.
 Escribo estas líneas mientras un coche termina de devorarme, y mientras muero pienso en las oportunidades que perdí por pensar demasiado, y en las que me hicieron crecer por sentir más que soñar.
 Nápoles no está sólo lleno de bestias; también abundan únicas muchachas de pelo corto y corazón contento, que no pueden evitar reír tímidamente en italiano.
 Más feroces que un auto en celo, la experiencia de ser atropellada por una de ellas queda grabada con fuego y, sin embargo, el animal que me exprime me quita menos sangre que tu forma de mirarlo a él. Qué se le va a hacer, mujer; un beso tuyo bien vale cuatro ruedas de una venganza tana.

sábado, 22 de febrero de 2014

Soy el diablo en mi cuerpo / WW2

 Taño la campana y las aves vuelan. Y la fe de la gente también. La toco nuevamente y pasan cien años; el mundo sigue sin sanar. Hago sonar nuevamente el objeto y llega dios. Una vez más hago ruido y lo mato, pero no es una solución definitiva pues la religión no es una causa sino una excusa de las luchas. Ah, pero de todas formas pensando por nosotros mismos tal vez lleguemos a algo distinto y al menos nos miraremos con odio pero a los ojos aceptando por fin que no es por color, credo o forma de vida que nos perseguimos, sino por influencia de gente más poderosa que el dios que maté y que devoran con tanto ahínco la torta donde vivimos, que a nosotros sólo nos quedan las migajas caídas al suelo y el confort adquirido a costa de otros menos duchos en ser perfectos.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Duro

 St Gallen no fue un sabio, no fue un hacedor de milagros, no se sacrificó por la humanidad.
 Sin embargo, la historia lo sabe un santo por todo lo que no hizo. Nunca levantó su mano en contra de alguien, no tenia manos. Nunca miró a otro con desdén, era ciego. Sordo como si las palabras necias no pudieran enervarlo, mudo como tantos mártires que murieron llorando en silencio, todos los latidos del corazón de Gallen fueron positivos. O tan positivos como pueden ser los de una roca perdida en el medio de la nada que un loco lindo encontró en su distancia y decidió adorar, pues es tan humano sufrir y llorar y odiar que nadie puede escaparse de ello, ni siquiera los santos de verdad.
 St Gallen es lo más honesto y puro que se puede encontrar aquí. Sólo se lo puede comparar con otros pocos millares de piedras anónimas que adornan los caminos verdes y las orillas del lago de este pueblo llamado en honor de nuestro santo de piel grisácea y corazón invisible e inmóvil.

lunes, 10 de febrero de 2014

El mar y la música, y la música y el mar

La música y el mar

 Gotas de música recorren mis venas ¿Para qué el lenguaje? ¿Para qué la pintura, el cine, el teatro? El único objetivo de cada uno debería ser el mío: alcanzar la plenitud, el clímax poético, llegar a conocer todos los estilos existentes e inventar los que todavía no están.
 Para algunos la música es un medio, para otros, un fin; para mí es el todo, perdería todos los demás sentidos sólo para conservar mi preferido.
 Intercambiaría mi alma por una oreja Barret. Daría mis Fenders a cambio de borrar mi recuerdo de tantos discos y poder así disfrutarlos por primera vez. Me sacaría las cejas para ser como Pinky. Secuestraría al mundo para poder viajar y escuchar los distintos sonidos del universo.
 Gotas de música recorren mis venas mientras preparo otra aguja y mi próxima canción, "Obsesión".

El mar y la música

 Las gotas de agua que caen de mi cara al mar no lo alteran en lo absoluto, pero me reconforta creer escuchar el sonido que cada una hace al ser absorbida por esa cosa negra y azul por la que avanzamos.
 Me gustaría ver peces, aves, tesoros, pero desde la oscuridad donde estoy parecería que tengo un sentido totalmente apagado.
 Y, sin embargo, ese silencio visual me susurra ideas y emociones, paz y locura, abandono y tristeza.
 Y, sin embargo, quién diría que si en este barco estuviéramos todos los hombres juntos, sintiendo lo mismo, no alcanzaríamos a subir el nivel del mar ni un ápice con el llanto de nuestros corazones.

domingo, 2 de febrero de 2014

Akrópolis

 Los dioses nos visitaron desde tiempos remotos y todo cambió. Se veían milagros por doquier, tributos se sumaron a los impuestos para mantenerlos contentos. De sacrificar monedas pasamos luego a sacrificarnos nosotros, todo sea por sus divinos libidos.
 Más que dioses parecían gitanos, ¿pero quién osaría contradecirlos? Ya hace eones nos habían quitado el Sol. Y aun con nuestra tecnología podrían hacerlo de nuevo, y Prometeo hacía mucho que nos había abandonado.
 Nos prometieron tierra y riquezas. Les dimos todo. Blancas y secas quedaron nuestras casas mientras ellos reconstruían su añorado Olimpo.
 Sólo nos dejaron la vida y la muerte, el resto se lo llevaron de regreso a la Antigüedad.
 Y ya engañados, reconstruiremos nuevamente nuestra ciudad y nuestras fes, mientras rogamos que la siguiente vez, vengan dioses menos humanos.

martes, 21 de enero de 2014

De círculos, rectas y triángulos

 Rompía sin cesar el mundo de porcelana que sus padres habían construido para él. Quebraba esa curva cerrada que iba a ser su vida; prefería salirse por la tangente, una recta distinta y peligrosa que lo llevaba al infinito. Hubo un tiempo en el que directamente prefirió lo no derivable.
 Y finalmente subió a la torre más alta de Francia y profirió un grito que partió la Tierra en dos.

domingo, 19 de enero de 2014

De alas y tijeras

 Hace unos días el hombre fue al parque de siempre. Estaba armado con un sandwich de atún cuya primera mitad aprovecharía él y el resto lo usaría para alimentar a sus queridas amigas. Le gustaba verlas acercarse y picotear las migajas asustadas al principio pero luego llegando incluso a subirse a sus piernas si estaba lo suficiente inmóvil.
 Se sentía líder y fantaseaba con dominar a todos los animales alados y ser así por fin alguien respetable. Empezaría cobrando cobrando por transporte aéreo y luego de haber conseguido dinero suficiente, compraría al mundo o, para hacerlo más divertido, atacaría con soldados provistos de armaduras relucientes y garras devastadoras.
 Ese día el estratega vio sus fantasías interrumpidas por la llegada de otro ser, este, al igual que él, provisto de dedos, barba y pan. Estaban separados por una recta que los alineaba con la única mesa de ajedrez que dormía en el centro exacto del círculo que era el claro del parque. Ambos sentados en bancos rojos, uno tenía la mirada torva, el otro risueña y honesta. Este último empezó a comer, dejando caer trocitos de comida que atraían para sí a las pocas palomas que el primero ya había logrado juntar.
 El militar frunció los labios y pasó nuevamente a su bando a los tres soldados que habían decidido cambiar de colores, dejando caer adrede la mitad de la miga de su sandwich. El otro lo miró fugazmente y, casi como si pensara que tenía mal sabor, tiró al suelo un poco del jamón que estaba sacando del sobre.
 Esto inició una competencia que escaló rápidamente. El hombre directamente rompió en trocitos todo el pan que quedaba y los lanzó cerca suyo.
 Ya había treinta palomas en lo que ya parecía un campo de batalla, y más se estaban acercando al festín.
 El segundo había comprado provisiones en el supermercado, seguramente tenía todo planeado, pensó amargamente el jugador cuyo turno había pasado. El otro abrió una bolsa, sacó una caja de polenta en polvo, la abrió y la vació completamente, cambiando así quinientos gramos de comida por el equivalente en pájaros.
 El hombre estaba desesperado. No tenía más municiones. Nunca se habría esperado una guerra de tal magnitud. Sin embargo, tuvo una idea justo cuando iba a decidir rendirse, algo que lo llenó de escalofríos; ¿se animaría a hacer algo así? No es gratis ganar. Temblando, sacó su cuchillo; derramando lágrimas y gemidos se cortó con un solo movimiento el meñique izquierdo. Las palomas, ahora cebadas, volvieron.
 El otro lo miró atentamente. Se iba a dar por vencido. Vendría a él, le estrecharía la mano sana y, luego de finalizar la pausa del almuerzo, volvería angustiado a un trabajo tan aburrido como el suyo.

 Y el otro hombre se levantó, sus ojos risueños todavía. Lo miró fijamente, le sonrió como diciéndole adiós, sacó algo del bolsillo y le apuntó.
 Media hora más tarde, el otro volvía a la oficina, luego de haber alimentado a su ejército con más carne humana.